Proyecto

Resiliencia agrícola frente a eventos climáticos.

Medimos cómo la infraestructura natural de un territorio puede ayudar a reducir vulnerabilidad, amortiguar daños y sostener mejor la producción ante un clima más severo e imprevisible.

Punto de partida

La adaptación climática también puede medirse en el territorio.

Sequías, calor extremo, lluvias intensas, granizo, erosión y pérdida de suelo ya no son episodios aislados. Afectan a la estabilidad productiva, al riesgo económico y al valor futuro de las explotaciones.

Nuestra línea de trabajo parte de una idea sencilla: si una medida artificial de protección puede reducir daño, una infraestructura natural bien conservada o restaurada también debe poder evaluarse, compararse y gestionarse.

Suelo seco afectado por estrés hídrico
Hipótesis de trabajo

La infraestructura natural puede ser una barrera viva.

A igualdad de cultivo, zona y evento climático, los territorios con mejor infraestructura natural funcional deberían presentar menor severidad de daño y mayor estabilidad productiva.

  • Cubierta vegetal y setos que protegen suelo y reducen exposición.
  • Suelo vivo con mayor capacidad de retención de agua.
  • Conectividad ecológica y biodiversidad funcional.
  • Zonas de infiltración, drenaje natural y regulación hídrica.
  • Gestión territorial que reduce vulnerabilidad acumulada.
Qué estamos construyendo

Un índice para pasar de intuición a evidencia.

01

Variables

Identificar qué rasgos naturales predicen mejor resiliencia frente a distintos riesgos climáticos.

02

Comparación

Cruzar parcelas similares para entender si la infraestructura natural marca diferencias reales de daño.

03

Índice

Crear una lectura sencilla de resiliencia agrícola: útil para agricultores, propietarios, empresas y entidades públicas.

Resultado esperado

Gestionar mejor antes de que llegue el evento.

  • Diagnóstico de resiliencia. Lectura territorial de exposición, vulnerabilidad e infraestructura natural funcional.
  • Priorización de actuaciones. Dónde restaurar suelo, cubierta vegetal, conectividad, drenaje o biodiversidad para reducir riesgo.
  • Seguimiento. Indicadores comparables para ver si el territorio mejora su capacidad de respuesta con el tiempo.
  • Decisión patrimonial. Información clara para inversión, gestión agrícola, restauración y adaptación climática.